PROCESIONES SÍ, PERO HACIA LA ESPERANZA

Ya llevamos casi un año nadando entre el miedo y el pesimismo, y ahora que por fin se ve la luz al final del túnel, no debemos hacerlo en la imprudencia.
Durante estos doce meses hemos vivido de todo. Cosas que jamás hubiésemos pensado que podrían llegar a suceder se han vuelto cotidianas, como por ejemplo, ver a matemáticos metidos a adivinos, convirtiendo a los infectados en puntos de una gráfica de pronóstico, y dando consejos sobre medicina como si fuesen verdaderos expertos sanitarios, cuando de médicos tienen tanto como de videntes, que es más bien poco. De verdad que de toda esta situación tan triste, algo que hace tiempo que me molesta y que ya más veces he dicho, es que parece que a fuerza de darle credibilidad a estos gurús de la estadística, nos hemos acostumbrado a valorar la gravedad de la situación en función de una gráfica predictiva, y basamos nuestra esperanza de salir de este mal trago en el resultado de una ecuación que se despeja contando muertos, como si detrás de cada número pronosticado no estuviese el rostro de una persona abandonando este mundo cuando aún no le toca.
Ahora bien, siendo objetivos, los enfermos ya son tantos, al igual que los fallecidos, que no nos queda más remedio que contarlos por millares. Y cuando esto sucede, es la propia realidad la que alimenta los gráficos de tendencia, y aparecen las malditas olas de infectados, de las que ya llevamos tres, las dos últimas avivadas por la imprudencia. Y justo ahora cuando aún no nos hemos repuesto de las consecuencias del último maremoto, cuando aún podemos ver en la orilla los restos de espuma de la última de estas olas, la que hemos levantado celebrando la pasada Navidad como si fuese la última, y sí, ha sido la última para muchos, por muy triste que suene, llega la Semana Santa, y hala, otra vez a discutir si es o no conveniente relajarnos para ir de vacaciones. Pero bueno, ¿es que no vamos a escarmentar nunca? ¿No nos hemos cansado ya de ver cómo los ancianos terminan surfeando en estas olas de muertos compartiendo tabla con el mismísimo Lucifer? ¿Cuál es la penitencia que estamos dispuestos a pagar como sociedad, una vez más?

Sé que estamos agotados, que esto ya se está haciendo demasiado largo. Que ya hemos pasado tanto tiempo encerrados, que nos acordamos de lo que hacíamos antes con nostalgia, como si se tratase de un pasado muy lejano, algo casi irreal e inalcanzable. Pero ahora que llevamos casi un año remando, con la vacuna a la vuelta de la esquina, no podemos dejar que haya gente que se muera ahogada en la orilla por culpa de una cuarta ola que sin duda va a llegar si no le ponemos remedio antes. Las medidas tienen que ser preventivas, y no paliativas, porque su eficacia se basa en evitar precisamente que nos contagiemos. Una vez que tenemos el bicho dentro, quizás ya sea tarde para muchos.
Está bien, vale que no podremos salir del Principado, pero, ¿qué problema tenemos los asturianos para disfrutar del descanso en Semana Santa, si vivimos rodeados de tanta maravilla? Será por sitios bonitos en Asturias en los que pasar un día de fiesta, y hacerlo con la esperanza real de que si ponemos de nuestra parte, si hacemos un último esfuerzo, puede que en muy poco tiempo y ayudados por la vacuna, empecemos de verdad a recuperar este verano todo lo que el condenado virus nos ha robado.
Seamos inteligentes, y pongámonos en la piel de este colectivo tan machacado que son los hosteleros. No nos engañemos a nosotros mismos usándolos a ellos como excusa para salvar ahora una Semana Santa que ya fastidiamos el pasado mes de diciembre, y tratemos de ser prudentes para que de verdad puedan empezar a asomar la cabeza este próximo verano. Porque quizás no se mueran a causa de la enfermedad, pero como esto no cambie un poco, alguno lo va a hacer de hambre.
Además, si hay alguna cosa que celebrar estas próximas fiestas, que sea que de una vez por todas los gobernantes en este país parece que se van a poner de acuerdo en algo, aunque ese algo sea tan duro como seguir manteniendo las fronteras de las comunidades cerradas a cal y canto. ¿Será que por fin está cambiando algo en la política de este país? ¿Será que el virus va a lograr lo que hasta ahora no ha logrado la cordura democrática?
Sea como fuere, si hacemos este último esfuerzo y conseguimos con las medidas mejorar de cara al verano, quizás justo después, en septiembre por ejemplo, hasta el bueno de Isaac Molina logre una vez más juntarnos a todos al calor de un salón de actos para contarnos una nueva aventura.

Francisco Ajates

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