Y si la escuela falla, siempre nos quedará rezarle una oración a San Fortnite

Se acerca la vuelta a las aulas después de meses de asueto intelectual, y para todos aquellos que tenemos hijos en edad escolar, el asunto se ha vuelto un tanto peliagudo.

Estamos a poco más de una semana de que los niños regresen al colegio, y aunque de una manera o de otra nos hacemos eco del ingente esfuerzo que está realizando el personal docente para cumplir con las exigencias de un guion que no llega más allá del primer día de clase, nadie puede estar seguro de qué es lo que va a ocurrir a partir del momento en el que cientos de niños vuelvan a verse las caras ―bueno, solo la mitad que deja al descubierto la mascarilla―, después de meses sin contacto. Seguramente algunos centros se verán obligados a cerrar sus puertas al día siguiente de haberlas abierto, si es que el bicho este que nos está amargando la vida decide cebarse con su alumnado.

Y será ahí entonces cuando volvamos a rendirnos a la magnificencia de las benditas nuevas tecnologías. Y si no, pensad que hubiese sido de nosotros durante la cuarentena, y más allá, sin el bueno de San Fortnite, la fastuosidad de San TikTok, o el todo poderoso YouTube, el que todo lo sabe; por no hablar de las fantásticas reuniones terapéuticas que organizaba el generoso San Whatsapp cámara en mano, al amparo de una sala de chat en grupo.

Sí, sí, pensadlo bien y no os quejéis. Porque, ¿habéis hecho el esfuerzo de imaginar qué hubiese sucedido hace tan solo unos treinta años, si alguien se hubiese atrevido a encerrar en casa durante tres meses a una familia de tipo medio en España? Estoy seguro de que en muchos hogares, al tercer día de convivencia, la Segunda Guerra Mundial hubiese sido poco más que una de estas partidas de la PlayStation de quince minutos, en comparación con lo que se hubiese vivido detrás de sus paredes.

Sin ir más lejos, ¿qué hubiésemos hecho los niños de aquella época sin poder salir de casa? Joder, si se nos caía el techo encima a las dos horas de llegar del colegio, y en cuanto podíamos nos tirábamos a la calle y no volvíamos hasta que nuestra madre, a la que no le hacía falta cobertura de ningún tipo para hacer llegar el mensaje, se asomaba por la ventana y se desgañitaba para hacernos entender que, o subíamos cagando leches, o las leches bajaban a por nosotros.  Se me ponen los pelos de punta imaginando a esos niños encerrados en su cuarto, o corriendo por el pasillo sin escapatoria alguna, perseguidos por una zapatilla que a buen seguro, después de varios días de encierro, habría sido capaz de cruzar la casa en vuelo rasante y regresar al brazo de partida con un complicado efecto bumerán tras hacer impacto en el objetivo.

O a esas adolescentes, humillantemente incomunicadas, lanzándole carantoñas al noviete por el teléfono fijo en el salón de su casa, frente a la mirada perdida de un padre atrapado durante horas en el sofá, desesperado sin poder salir ni a trabajar, imaginando con nostalgia las partidas de tute en el bar con los amigos, y viendo una y otra vez los goles de Hugo Sánchez repetidos sin descanso en la Segunda Cadena de TVE. Y qué decir de esa pobre madre, que además de practicar por obligación el lanzamiento de bumerán con la zapatilla, habría sido capaz de arrancar las juntas de los azulejos de la cocina pasando la aspiradora sin descanso por cualquier lugar de la casa que estuviese a tiro de bayoneta.  Seguramente algún que otro escobazo hubiese aterrizado en el mismo punto que la zapatilla, después de estar aguantando sin remedio los gritos, pellizcos, arañazos, mordiscos, o cualquier otro tipo de agresión entre hermanos aburridos, surgida de una simple batalla por el turno en el cuarto de baño para ducharse, después de llevar casi una semana sin hacerlo.

En definitiva, una cuarentena en nuestra infancia habría sido una verdadera hecatombe familiar, salvo por el hecho de que con total probabilidad hubiese supuesto una época fantástica para afianzar una afición que antes había entre la juventud, un poco más saludable que esta de las nuevas tecnologías. Seguramente entonces al bueno de Isaac Molina no le hubiese costado entrar a formar parte de muchas de esas familias.

Pero tal vez por eso, por ventaja comparativa, que durante esta época a nuestros hijos se les haya puesto cara de pantallita no es algo tan grave. Simplemente es una cuestión que va acorde con los tiempos, y quizás lo que tenemos que hacer es aprender con ellos a dosificarlo, sobre todo una vez que se ha terminado la excusa del encierro.

Lo que sí debemos esperar es que una vez decidida la vuelta a los colegios, este esfuerzo que están haciendo los profesores para adaptar las aulas a la maldita nueva normalidad valga para algo. Sabemos que los cientos de chistes que circulan por la red con madres pidiendo prisión incondicional en el colegio para sus hijos durante todo el invierno, o alguna gritando desesperada tras la verja del centro a un niño que no parece darse cuenta de que durante un tiempo la escuela será un tanto diferente, no pasan de ser puro teatro. Pero lo que no es comedia es lo que estamos viviendo, así que tratemos de transmitir a nuestros hijos, sin asustar claro está, la gravedad del asunto, y pongámonos por un momento en el pellejo de ese profesor que tiene que ser capaz de hacer que veinte niños, sentados todos en la misma aula durante cinco horas, mantengan unas normas que a nosotros nos ha costado muchas veces hacer que uno solo, o alguno más, es lo mismo, cumplieran durante un par este verano.

Y si al final lo de la escuela falla y terminan todos de nuevo encerrados en casa, pues no nos quedará más remedio que hincar una vez más la rodilla en el suelo y rezarle una oración a las nuevas tecnologías.  Aunque bueno, también podemos hacer la prueba de levantaos una de estas mañana sin colegio antes que el resto de la familia, acercarnos sigilosamente al cacharrito negro que tenemos conectado a un cable escondido detrás del mueble del salón, y pulsar el botón de Off, dejando toda la casa en la más absoluta oscuridad comunicativa. A ver si tenemos el valor de aguantar un solo día.

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Y a pesar de todo, elijo no perder la sonrisa

Son tiempos difíciles para los humanos, no lo vamos a negar. Nadie contaba con ello, y de repente, un bicho pernicioso, un ser microscópico escapado de una de las novelas de Stephen King, ha salido de la nada y nos ha demostrado lo débiles que somos como especie. No me refiero solamente a la debilidad física, que también, y si no, que se lo digan a los miles de personas que por desgracia están dejando este mundo antes de lo que esperaban a causa de la enfermedad. De lo que hablo, es de la flaqueza cooperativa de la que hemos hecho gala desde que se declaró la pandemia… y en esto, como siempre, y lo digo con mucha tristeza, los españoles en las trincheras y a la cabeza. Con tristeza y con rabia. Porque si no bastaba con llevar años contemplando cómo la clase política se devaluaba en nuestro país jugando al populismo, cómo los partidos independentistas se radicalizaban y le vendían ideas utópicas a su gente con la única intención de pescar en río revuelto, cómo la crisis del 2009 se volvía eterna, o nuestros jóvenes más inteligentes tenían que emigrar para labrarse un futuro, el déficit insalvable, la corrupción, las pensiones en la cuerda floja ―casi un sueño en el futuro como el de la independencia―, el paro que no termina de bajar, la sanidad sin presupuesto, los colegios bajo mínimos; pues ahora, cuando el virus entra en Europa, nosotros ahí también los primeros, no fuera a ser… Joder, si hasta el rey emérito ha decidido largarse del país porque no aguantaba el bochorno…

La verdad es que es para mear y no echar gota, para salir corriendo y no detenerse hasta llegar a Marte.

Pero no os desesperéis. Coged un buen libro y sentaos con tranquilidad a disfrutarlo, porque creedme si os digo que como todo en esta vida, lo del COVID acabará pasando, y seguro que entonces recuperaremos eso que hemos perdido hace unos meses sin comerlo ni beberlo. Y ahora no hablo de los debates televisivos, ni de las elecciones cada seis meses, eso si Dios quiere tardaremos en volver a verlo. Me estoy refiriendo a las reuniones con los amigos los viernes en la terraza del bar, mientras nuestros hijos juegan a ser mayores con un móvil sin tarjeta. Las cenas con la familia, las verbenas de verano con la caja de sidra entre las piernas mientras escuchamos a Ráfaga como si estuviésemos en un concierto de los Rolling, o el Molinón hasta los topes llorando los goles del contrario; las manifestaciones en el barrio porque no se ve bien la tele, las bodas hasta las tantas de la madrugada bailando poseído con la tía del pueblo como si fuese esa tu última noche en la tierra. Los abrazos y los besos entre conocidos que hace tiempo que no se ven, las fiestas de fin de curso con espuma, y los carnavales, y el Domingo de Ramos bendiciendo la palma con la única intención de que la madrina suelte el bollo. Los viajes del INSERSO a Benidorm en noviembre para menear el esqueleto, los guiris, apelotonados en la playa empapándose de este sol tan nuestro hasta conseguir un bronceado tipo cangrejo, algo con lo que regresar a su país y presumir de quemadura con el vecino. Incluso los hippies agolpados vendiendo pulseritas en los mercados medievales, el descenso del Sella, el Xiringüelu un día más tarde, la despedida de soltero, la del jubilado que lleva cuarenta años en la empresa…

En fin, son tantas cosas las que hemos dejado de hacer, que aunque en España nos empeñemos siempre en estar a la cabeza de lo malo, hay algo en lo que nadie nos gana, y tal vez por eso nos critiquen desde fuera y seamos la envidia de todos los que vienen aquí por el verano y se desmadran sin control. A los españoles nos han enseñado desde pequeños el verdadero significado de la palabra VIVIR, y lo hacemos como nadie y siempre en compañía. Pase lo que pase.

Solamente tenemos que ponernos las pilas y hacer que entre todos, unidos en el respeto principalmente, logremos que este mal trago acabe pronto y no se nos vaya de las manos más de lo que ya se nos ha ido. Tratemos de proteger lo que tenemos y quitémonos de la cabeza eso de que España es un país de pandereta, porque es mentira, aunque pandereteros haya muchos. Esta es una nación rica en sentimientos y eso es lo que siempre nos ha unido, así que hagamos de nuestra manera de ser un baluarte para ganar esta batalla, y no miremos más arriba buscando responsables. Esto ha llegado aquí sin merecerlo, de acuerdo, pero ahora es cosa de todos, y cuando nos demos cuenta de ello, el camino hasta la salida se hará mucho más corto.

Es precisamente por esta fe que tengo en los que me rodean, por lo que, a pesar de todo, elijo no perder la sonrisa, aunque ahora nadie pueda verla porque una mascarilla oculta mi rostro.

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Francisco Ajates: «La realidad es más negra que nuestras novelas»

 

Fuente: LNE. M. J. I. 20.07.2019 | 01:23

De izquierda a derecha, Vanessa Yepes, Francisco Ajates, Rafael Antuña y Manuel Menéndez Miranda, ayer, en el Club Prensa Asturiana.

De izquierda a derecha, Vanessa Yepes, Francisco Ajates, Rafael Antuña y Manuel Menéndez Miranda, ayer, en el Club Prensa Asturiana. LUISMA MURIAS

«La realidad es aún más negra que nuestras novelas; no hay más que abrir el periódico cada día». Así lo dijo ayer en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA el escritor Francisco Ajates, uno de los autores de novelas policiacas que ayer participaron en un coloquio sobre un género que gana seguidores en Asturias.

Junto a Ajates estuvieron Vanessa Yepes, Manuel Menéndez Miranda y Rafael Antuña, que tienen como denominador común publicar sus obras con la editorial Camelot. «Las novelas de espías son más negras que las propiamente del género», indicó Vanessa Yepes, psicóloga de profesión y escritora totalmente vocacional. «A medida que fui acumulando relatos me di cuenta de que escribía más y más ‘negro’ cada vez», señaló Ajates.

Tanto él como Rafael Antuña coincidieron en reivindicar los cánones clásicos del género, que nació en Estados Unidos y de allí se expandió a Europa.

Manuel Menéndez destacó la dificultad de buscar fórmulas diferentes. «Hoy en día casi todo está escrito, vivimos una especie de saturación; yo ahora estoy preparando algo que será bastante original», desveló.

El grupo de escritores también coincidió en destacar el creciente interés del público asturiano por el género de novela negra en sus distintas vertientes, una tendencia que se traslada desde hace tiempo a las series televisivas y también al cine.

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Presentación del libro «El último aliento» de Francisco Ajates

El sábado 23 de febrero a las 12:30 h. Francisco Ajates presentará su nuevo libro «El último aliento» .

El protagonista de la obra es el investigador privado Isaac Molina, que realiza la búsqueda de una persona por la provincia de Burgos. El detective también protagonizó el primer libro del autor «Sueña cuando aún estás vivo».

Sala polivalente de la Biblioteca. Entrada libre hasta completar aforo.

Fechas

23 de febrero de 2019
FUENTE: Agenda Cultural de Castilla y León
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Francisco Javier Ajates presenta su novela ‘El último aliento’ en el Antiguo Instituto de Gijón

La presentación tendrá lugar esta tarde, a las 19.30 horas

FUENTE: EL COMERCIO Gijón

 

El Antiguo Institituto de Gijón acoge esta tarde, a las 19.30 horas, la presentación de la segunda novela del escritor Francisco Javier Ajates, que lleva por título ‘El último aliento’ y está publicada por Ediciones Camelot. El libro continúa la historia planteada en el primer volumen ‘Sueña cuando aún estás vivo’, que tan buena acogida tuvo.

«Es una nueva historia, pero con un mismo personaje. Un detective, Isaac Molina, que ha de investigar un caso. Se trata de un personaje más maduro que en el primer libro», asegura su autor.

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Francisco Ajates presenta en el Valdecarzana el libro «El último aliento»

FUENTE: LNE T. C. 29.11.2018 | 02:48 

El avilesino Francisco Ajates, ingeniero Químico por la Universidad de Oviedo, presenta hoy, a las 19.30 horas, en el palacio de Valdecarzana, el libro «El último aliento», que da continuidad a la saga del detective Isaac Molina iniciada en 2017 con la obra titulada «Sueña cuando aún estás vivo». El acto está organizado por el Club LA NUEVA ESPAÑA DE Avilés.

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‘El último aliento’, la segunda novela de Francisco Ajates

Foto de la presentación de El último aliento en Piedras BlancasFuente: El Comercio, S. G. PIEDRAS BLANCAS.

El escritor Francisco Ajates, residente en Piedras Blancas, presentó ayer su segunda novela, ‘El último aliento’. Lo hizo en un acto público celebrado en el Colegio El Vallín. El libro continúa la historia planteada en el primer volumen ‘Sueña cuando aún estás vivo’. Continue reading

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El escritor Francisco Ajates presenta «El último aliento» en el colegio El Vallín

FUENTE: Piedras Blancas, I. Montes 10.11.2018 | 02:11 

El escritor Francisco Ajates Rodríguez presenta esta tarde a las 18.00 horas en el colegio público El Vallín de Piedras Blancas su segunda novela «El último aliento», publicada por Ediciones Camelot. El protagonista de la obra es el investigador privado Isaac Molina, que realiza la búsqueda de una persona por la provincia de Burgos. El detective también protagonizó el primer libro del autor «Sueña cuando aún estás vivo».

Francisco Javier Ajates Rodríguez nació en Avilés en 1978 y creció en Raíces Nuevo. Es Ingeniero Superior Químico por la Universidad de Oviedo y un Máster en la Universidad San Pablo CEU de Madrid.

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Entrevista en RTPA. NOCHE TRAS NOCHE

Noche tras noche

Emitido el miércoles 19 de julio de 2017  120 mins.

Comenzamos con la Foto del Día con Alex Zapico y luego conversamos con un ‘tiendólogo’ que nos da las claves para vender más y mejor. Luego llega el Consejo de Actualidad en el que hoy se sientan una periodista, Laura Pérez-Macho; una expresidenta de la Junta General del Principado, Laura González y una politóloga: Azucena Álvarez. Esa franja cercana a las noticias la cierra Diego Asenjo con su Converso –la información en verso—y luego conocemos los entresijos de la vida y obra del pintor protagonista del verano asturiano: Mariano Moré. La velada la cerramos con la ópera prima de un escritor asturiano, Francisco Ajates

 

 

PODCAST DEL PROGRAMA: https://www.rtpa.es/audio:Noche%20tras%20noche_1500479923.html

 

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Con el avilesino Francisco Ajates «Sueña cuando aún estás vivo» en Valdecarzana

 

FUENTE: ASTURIAS MUNDIAL

El avilesino Francisco Ajates celebra en Valdecarzana el éxito de su novela «Sueña cuando aún estás vivo». El autor estará acompañado por su editor Pablo Solares Acebal, de Ediciones Camelot. Continue reading

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